
Nuestra Señora de las Angustias, patrona de Arévalo y su tierra
Veneración y devoción Mariana.
Profesada durante siglos por la Ciudad de Arévalo y su Tierra a la Virgen en su advocación de ‘Las Angustias’ estuvo desde muy antiguo tutelada por la Cofradía del mismo nombre. Ese mismo pueblo muy pronto la nombró y celebró como Patrona y se puso bajo su protección.
Sería largo narrar tantas vicisitudes de esta devoción popular a Nuestra Señora de Las Angustias. Desde su antiguo emplazamiento medieval en la iglesia del Convento de la Santísima Trinidad, en el que estuvo durante siglos, con su capilla propia renovada y ampliada hacia 1700, era el verdadero santuario mariano de nuestros antepasados.
Durante los difíciles años de la guerra de la Independencia, ese monasterio y también nuestra imagen y su capilla, sufrieron el doloroso expolio sacrílego y la destrucción de tan antiguo centro monacal.
Pocos años después se trasladó su culto y veneración a otro tan antiguo como venerable Monasterio, el Cisterciense de Santa María la Real, que en 1524 ocupó las antiguas casas reales e los reyes castellanos. La Comunidad Cisterciense acomodó su comunidad en aquellas casonas medievales, construyendo su preciosa Capilla, renovada en la época barroca, en la que recibió el cariño de los arevalenses, sus amores, anhelos, rezos susurrantes y peticiones íntimas, a la Madre que nunca abandona. Casi dos siglos de fervoroso esplendor al cuidado de las primorosas manos y en lo profundo de los corazones de esa Comunidad religiosa.
ORIGEN DE LA COFRADÍA.
s. XVI
Recientemente, con motivo del traslado de ese Monasterio a las afueras de nuestra Ciudad, pasó la imagen y la Cofradía a la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Silos, en la capilla y precioso retablo barroco de la nave norte. El origen de la Cofradía, es tan antiguo, que ya dicen documentos del s. XVI que su existencia es desde ‘tiempo inmemorial’, manteniendo desde la Edad Media el testigo vivo de la devoción popular, durante tantas generaciones de gentes de toda condición, ininterrumpidamente. Siendo tantos los acontecimientos históricos de la ciudad y de su Virgen de Las Angustias, citaré sólo dos ejemplos significativos. Ante esta venerada imagen se formó religiosamente durante la infancia nuestra gran Reina Isabel la Católica, que vivía con su madre en las casas reales de la entonces villa, esa intensa y profunda devoción que profesaba a Nuestra Señora de las Angustias, es por lo que extendió su culto a tantas villas y ciudades de España, entre las que destaca con luz propia Granada, donde la entronizó como Patrona. Como recuerdo de aquella efeméride tiene nuestra Virgen en su patrimonio una joya especial: "el galápago", que si es una joya valiosa en lo material, mucho más lo es por el significado histórico, como un exquisito regalo de devoción de tan excelsa Reina, de cuya muerte conmemoramos este año el V Centenario. Otro gran personaje, San Ignacio de Loyola, la profesó una especial veneración que adquirió durante sus años juveniles que vivió en Arévalo y como muestra de ello, desde que abandonó Arévalo, se hizo acompañar por una medalla de su imagen durante toda su vida.
FESTIVIDAD MARIANA.
NUEVE DE FEBRERO
No se realizó Festividad Mariana, además de su fiesta del nueve de febrero, ni rogativas populares, procesiones de Semana Santa, ni otros acontecimientos religiosos que no estuviera preferentemente la imagen de Nuestra Señora, aclamada siempre como Patrona intercesora, llegando al momento cumbre de esa exaltación popular con su Coronación Canónica, celebrada multitudinariamente el día veintiséis de junio de 1955, en que como Reina y Señora se la reconoció por Bula Papal, entronizándola de forma definitiva en la Ciudad y su Tierra, y en cada uno de los corazones de sus moradores, en un día memorable en que miles de personas la aclamamos.
Desde entonces, por acuerdo de la Corporación Municipal, ostenta también el título de Alcaldesa Honoraria de la Ciudad.
El día nueve de cada febrero, su fiesta principal, Arévalo se engalana, y después del Novenario y Salve, miles de fieles la rezamos y la sacamos en procesión por nuestras calles y plazas, en reconocimiento y memoria de su señorío y patronazgo de la Ciudad y la Tierra.
Es tradicional la subasta de frutos y dulces, además de otros obsequios de los fieles, que mantienen las costumbres ancestrales de nuestros antepasados.
La Archicofradía, como fiel depositaria de tal devoción popular, vela todos los días por su culto y veneración, por extender y acrecentar su devoción y por seguir avivando la llama del amor de su pueblo, al que nunca abandona como Madre Intercesora.