ARÉVALO Senda del El Orán.

El pinar y la campiña o llanura cerealista, junto con las riberas de los ríos Adaja y Arevalillo, con los ecosistemas más representativos de Arévalo. Las aves forestales encuentran refugio en el pinar y buscan alimento en las llanuras, donde abundan  pequeños mamíferos y reptiles. A lo largo de los once kilómetros por los que discurre la senda del Orán, podremos disfrutar de este paisaje y sus habitantes.
Iniciamos el recorrido junto a la ermita de la Caminanta, por donde cruzaremos la carretera para continuar por el camino asfaltado. El recorrido prosigue sobre el talud que el río ha excavado en las arenas. Al otro margen se levanta la impresionante figura del castillo de Arévalo, a cuyos pies el río Adaja recoge las aguas del Arevalillo.
Cruzamos la autopista A6 por un paso elevado desde donde se distingue el monasterio cisterciense de Santa Mª la Real. La línea de tren Madrid-Irún cruza el término municipal de Arévalo de este a oeste y también debemos atravesarla por un paso subterráneo. Enseguida comienzan a distinguirse robustos ejemplares de pino negral o resinero (Pinus pinaster). La corteza agrietada de los ejemplares más añosos muestran las cicatrices de la resinación; proceso por el que se obtiene la resina o miera de sus troncos. Junto a estas marcas se repiten los agujeros producidos por el Pico picapinos. Los agaetadores y trepadores azules recorren vertiginosamente sus troncos buscando insectos con los que alimentarse.
Pequeños bosquetes de pinos se suceden hasta que la masa forestal se hace más tupida. En la vertiente opuesta del río se extiende la llanura, que tan sólo es interrumpida por algún pequeño otero como el de Cantazorras. Milano real, milano negro, cernícalo vulgar, busardo ratonero o águila calzada, con algunas de las rapaces que anidad en los límites del pinar y buscan su alimento en la campiña.
A medida que el camino se introduce en el paraje de El Orán, el paso se hace más lento por la abundante arena silícea que constituye un verdadero sistema de dunas fósiles.
Pero el día es largo y la oscuridad pronto cubrirá el bosque. Los sonidos se hacen más intensos y profundos. Escondidos en la negrura del pinar se escucha el canto de algunas rapaces nocturnas como el búho chico o el cárabo, cuya hegemonía se extiende en el silencio de la noche.

ARÉVALO Senda de la Fuente de los Lobos.

  Amplias superficies de tierra llana labrantía se extienden por el municipio. La extensa deforestación a que se ha sometido la zona y el uso del suelo en la agricultura ha generado un ecosistema característico, la llanura cerealista. La senda de la Fuente de los Lobos permite conocer parte de esta inmensa planicie disfrutando del camino y observando algunas de las aves más singulares y amenazadas de Europa, las aves esteparias. Es un sendero circular con una longitud total de 14 km, aunque existen dos opciones de menor duración.
Iniciamos el itinerario en la rotonda de la CL-605, en la que cogemos el camino de la izquierda. Una vez en él nos incorporamos al primer camino que encontramos a la derecha y a continuación paralelos a la carretera,  hasta que empieza a desviarse ligeramente para bordear el campo de golf del Prado de la Velasco. Atravesaremos varios campos de labor hasta llegar a la Fuente de los Lobos, cuyo humilde caudal se mantiene en el verano. El camino de retorno discurre entre campos de labor salpicados por pinares aislados. Un ramal del recorrido nos acercará hasta el arroyo del Palacios Rubios. Desde aquí se divisa la ermita de la Lugareja, el edificio mudéjar más importante del municipio.
La apariencia monótona con que se disfraza la llanura cerealista esconde uno de los ecosistemas más sorprendentes de las tierras castellanas. La agricultura de secano, que durante años se ha desarrollado en sus suelos, ha contribuido a generar un interesante ecosistema, con una gran variedad de aves y mamíferos que encuentran, en los cultivos abandonados y en las líneas de camino y parcelas, abundante alimento y excelentes refugios.
Además de cereal, se cultiva maíz, girasol, patatas, hortalizas y alfalfa entre otros. Entre los cultivos las aves esteparias se mimetizan, confundiéndose con la arena y la hierba seca. Podremos observar sisones, gangas ortegas, alcaravanes, perdices rojas, calandrias, terrenas comunes, bisbitas campestres y  cogujadas montesinas entre otras. Aunque no existe ninguna población estable de avutarda en la zona, es fácil distinguir algunos ejemplares aislados o en pequeños grupos que buscan alimento en estos campos.
Para disfrutar de los secretos de esta tierra suave y ondulada, debemos acompañarnos de prismáticos y la mirada atenta.

ARÉVALO Senda de las Bachilleras.

Los valles de los ríos Adaja y Arevalillo surcan la suave llanura sobre la que se asienta Arévalo, enriqueciendo el paisaje y añadiendo diversidad y frescura al conjunto de sus ecosistemas. La senda de Las Bachilleras atraviesa uno de los pinares más extensos del municipio para acercarse suavemente hasta la ribera del Arevalillo. Iniciamos el recorrido siguiendo el camino que discurre paralelo a la carretera AV-804. Según nos alejamos del pueblo, el pinar adquiere mayor importancia. A unos 5.40 km atravesaremos la carretera para acercarnos a la vega del río Arevalillo, cuyo cauce apenas lleva agua en los calurosos días del verano. El pino negral o resinero (pinus pinaster) domina el paisaje, acompañado de algún pino piñonero aislado (pinus pinea). En la ribera crecen pequeños sauces y matorrales aprovechando la humedad y frescura del río. El sendero continua por la antigua Cañada Real Leonesa Occidental. Por el antiguo camino que se dirigía a la ermita del Cristo de los Pinares, llegaremos al límite municipal con la Nava de Arévalo. En el cauce se distinguen los restos de un antiguo muro de cal y canto de época romana. Continuamos junto al río hasta que el camino comienza a separarse ligeramente y nos conduce a la Casa Forestal. Volvemos a cruzar la carretera y continuamos unos metros por el camino que se dirige al área recreativa de Los Merenderos, para girar en el primer cortafuegos a la izquierda. En el pinar el matorral es escaso, destacando las plantas aromáticas como el tomillo y el cantueso y pequeños arbustos como majuelos y retamas. Las raíces de estas plantas se introducen en las arenas silíceas que cubren el suelo y ayudan a estabilizarlas, dificultando su transporte por el viento y el agua. Se suceden pequeñas elevaciones y hondonadas de arenas que denotan la presencia de verdaderas dunas, hoy fosilizadas, pero activas en los periodos fríos y secos del Cuaternario. El sonido de arrendajos, rabilargos, cornejas y urracas nos acompañan durante el camino de regreso. También aquí podremos observar estorninos, gorriones molineros y chillones, pinzones, verdecillos, verderones, currucas, mosquiteros, reyezuelos, mitos, agateadores comunes, alcaudón real y común y pico gordos entre otras especies.


ARÉVALO Senda de los Merenderos.

El río Adaja ha excavado un valle amplio y suave, protegido por los altos taludes arenosos que forman parte de un de los ecosistemas más singulares del interior peninsular, la Tierra de Pinares. Su presencia se extiende por distintas zonas de las provincias de Segovia, Valladolid y Ávila. La senda de Los Merenderos nos adentra en esta tierra, cubierta de arenas blancas y brillantes, ricas en cuarzo y feldespato. Sobre ellas crece, formando grandes bosques, el pino resinero o negral (Pinus Pinaster). Durante los casi 20 km de recorrido, se puede disfrutar de la riqueza de diversidad del pinar que esconde, bajo su aparente monotonía, una interesante variedad animal y vegetal. Para aquellos caminantes que quieran realizar un recorrido más corto, adaptándolo a sus propias necesidades, tienen varias posibilidades que aparecen reflejadas en el mapa adjunto. Iniciamos el recorrido junto a la carretera AV-804 y cogemos la cañada Real Leonesa Occidental para adentrarnos en el pinar. Muy pronto empiezan a distinguirse las copas de los árboles que limitan la ribera del río Adaja, cuyo recorrido remontaremos desde la parte alta del talud. Sauces, chopos y fresnos dan cobijo y alimento a numerosas aves de ribera como lavanderas, ruiseñores, petirrojos, oropéndolas, pinzones y mirlos. Al final del verano el cielo se cubre de luminosos destellos azules y verdes, procedentes del frenético vuelo de los abejarucos que harán sus nidos aprovechando los taludes. El camino continúa adentrándose aún más en el bosque. La resinación de los pinares fue una importante actividad forestal, vigente hoy en día. Junto a los potes se distinguen algunos ejemplares más jóvenes cuyos troncos pareados crecen al lado de esbeltos pinos piñoneros, fáciles de distinguir por su copa aparasolada. Algunas de sus ramas presentan una acumulación anormal de pequeñas hojas en sus extremos llamadas tabernazos. Acompañados por el aroma a barrujo llegamos al área recreativa de Los Merenderos, muy próximo al río Adaja. Desde aquí emprenderemos el camino de regreso por distintos caminos y cortafuegos para volver al punto de partida.