El Mudéjar es el resultado artístico de la convivencia cultural entre los cristianos y los musulmanes en un determinado momento histórico.
Esta unión de culturas hizo posible la creación de una tipología arquitectónica, así como unas pautas constructivas y artísticas de carácter único y de las que poseemos un interesante testimonio en Castilla y León, con edificios de estas características repartidos por toda la geografía regional.
El presente programa recoge alguno de estos edificios, situados al sur del río Duero, en las provincias de Ávila, Salamanca, Valladolid y Segovia.
HORARIOS
Los horarios serán de martes a domingo de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 h.
Esta unión de culturas hizo posible la creación de una tipología arquitectónica, así como unas pautas constructivas y artísticas de carácter único y de las que poseemos un interesante testimonio en Castilla y León, con edificios de estas características repartidos por toda la geografía regional.
El presente programa recoge alguno de estos edificios, situados al sur del río Duero, en las provincias de Ávila, Salamanca, Valladolid y Segovia.
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Declarada Bien de Interés Cultural, fue lugar de enterramiento y juntas de los caballeros del linaje de los Montalvo. Edificio de gran volumen, reformado en diversas épocas.
Destaca su cabecera plana al exterior, con diversos arcos decorativos ligeramente apuntados y distribuidos de forma simétrica en toda la fachada; no tiene el remate superior, aunque es de gran altura.
Parece fábrica del s. XII lo más antiguo y según algunos autores fue sinagoga judía, cuya traza es obvia.
Era citada como parroquia en el inventario de 1250. Gran confusión de sus dataciones históricas, que la rodean de misterio.
En la fachada norte, puerta mudéjar casi intacta y algunas ventanitas de su primitiva fábrica. En lo alto de su muro, dos óculos curiosos y raros, recuadros y dentro de ellos la Cruz y la estrella de David; obra de ladrillo y detalle característico y original de este edificio, que recuerda el doble culto cristiano y judío que en ella se desarrolló.
Puerta sur, neoclásica en ladrillo, una solución muy repetida en toda la comarca, deja ver tras de ellas las cenefas de la primitiva portada mudéjar. A lado, una dependencia añadida en el s. XVIII para sacristía con las esquinas a modo de contrafuertes cilíndricos. La torre, fue desmochada y la falta el remate; en escritos del siglo XVI decía que llamaba la atención por su sobresaliente altura.
Carlos Oviedo.
Ricardo Ungfria.
Pablo Delgado.
Pedro C. Del Rio.
Puerta sur, neoclásica en ladrillo, una solución muy repetida en toda la comarca, deja ver tras de ellas las cenefas de la primitiva portada mudéjar. A lado, una dependencia añadida en el s. XVIII para sacristía con las esquinas a modo de contrafuertes cilíndricos. La torre, fue desmochada y la falta el remate; en escritos del siglo XVI decía que llamaba la atención por su sobresaliente altura.
El cuerpo de campanas se cubre con sencillo tejado. Escalera entre los muros desde el presbiterio. Diversos sillares graníticos se reaprovecharon en su construcción, quizás de la necrópolis romana, algunos son restos de berracos celtibéricos, según se evidencia de un inventario de los mismos.
El interior de su elevada cabecera, de grandes dimensiones y bóveda que descansa sobre dos arcos apuntados de doble arquivolta y otros esbeltísimos decoran los muros laterales, todo ello encalado. Entre los arcos, diversos sepulcros con arcos raros y reformados, no siendo uno que tiene pinturas góticas populares, destacando al lado izquierdo en el que están enterrados D, Juan de Montalvo y su mujer Dª María de Valderrábano de la casa de Villatoro, señores de Botalhorno, a cuyo cargo se realizó la reconstrucción de finales del s. XV y principios des.XVI.
Sobre la puerta de la sacristía, una hornacina enrejada que contenía los archivos, se adorna con pinturas populares rodeando un gran escudo del linaje y una inscripción de la toma de Arévalo.
El arco toral de piedra de granito con rosetas , corresponde a la reforma de finales del s. XV y principios del s.XVI, al igual que esos dos atrevidos y valientes arcos de la nave, que apearon el gran artesonado del que solo quedan cuatro pechinas planas riquísimas en su decoración de lazo ataujerado de doce y los tirantes tallados. Nave amplia y renovada en su sencilla decoración neoclásica, tiene restos de lo que fue un órgano en una tribuna elevada.
Sobre la puerta de la sacristía, una hornacina enrejada que contenía los archivos, se adorna con pinturas populares rodeando un gran escudo del linaje y una inscripción de la toma de Arévalo.
El arco toral de piedra de granito con rosetas , corresponde a la reforma de finales del s. XV y principios del s.XVI, al igual que esos dos atrevidos y valientes arcos de la nave, que apearon el gran artesonado del que solo quedan cuatro pechinas planas riquísimas en su decoración de lazo ataujerado de doce y los tirantes tallados. Nave amplia y renovada en su sencilla decoración neoclásica, tiene restos de lo que fue un órgano en una tribuna elevada.
Pero la obra de arte más importante que guarda este templo es su retablo, que fue pintado entre 1507-1508 por el Maestro Marcos de Pinilla, que tenía su taller en Ávila y al tiempo que se pintaba el retablo mayor de la catedral. Se le pagaron, según el libro de fábrica de la parroquia, 54000 maravedíes, mas 238 por el traslado, 485 al maestro que lo asentó y otros gastos.
El marco primitivo era de formas escarzanas y decoración gótica o plateresca, pues era “de pincel de talla”; fue sustituido por otro barroco más pobre y con decoración rococó, así como el santo titular y el sagrario barrocos, en la reforma del s. XVIII. En 1730 Pedro Bahamonde, escultor de Valladolid, hace las gradas y demás guarnición para el retablo mayor.
Consta de trece tablas pintadas al óleo distribuidas en tres cuerpos, siendo las inferiores más pequeñas y en las que están representados ocho santos: San Sebastián y Sta. Ursula; San Bartolomé o San Pablo u Sta. Catalina; Sto. Tomas de Aquino y San Buenaventura; San Francisco y San Jerónimo.
El segundo cuerpo está dedicado a la historia de San Miguel, patrón de la iglesia y su aparición en el monte Gárgano donde se ve el milagro del toro, la procesión al lugar, la construcción del templo y la Aparición de San Miguel a San Gregorio. En el tercer cuerpo se representan cinco escenas de la pasión y muerte de Cristo. Y al decir algunos autores son los mejores.
Antes de conocerse el autor, Post le denominó “Maestro de Arévalo”, por la impronta personal y características del autor, aunque tiene algún paralelismo con otros maestros de la escuela de Ávila; y algo de Berruguete, del Maestro de Riofrío y del Maestro del Portillo en sus fondos arquitectónicos.
El estilo de Marcos de Pinilla, es de clara tradición hispano-flamenca; algunas figuras, principalmente Cristo, aún tienen una cierta rigidez que recuerda el gótico, suavizado en su dibujo por la influencia italiana; lo que pierde en exquisitez técnica, lo gana en espontaneidad.
El mayor interés artístico reside en ser una obra extraordinaria del momento de transición hacia el renacimiento. Recordamos que lo castellano-flamenco perduró mucho tiempo, frente al empuje de las nuevas formas renacentistas, porque era el gusto de los destinatarios.
El marco primitivo era de formas escarzanas y decoración gótica o plateresca, pues era “de pincel de talla”; fue sustituido por otro barroco más pobre y con decoración rococó, así como el santo titular y el sagrario barrocos, en la reforma del s. XVIII. En 1730 Pedro Bahamonde, escultor de Valladolid, hace las gradas y demás guarnición para el retablo mayor.
Consta de trece tablas pintadas al óleo distribuidas en tres cuerpos, siendo las inferiores más pequeñas y en las que están representados ocho santos: San Sebastián y Sta. Ursula; San Bartolomé o San Pablo u Sta. Catalina; Sto. Tomas de Aquino y San Buenaventura; San Francisco y San Jerónimo.
El segundo cuerpo está dedicado a la historia de San Miguel, patrón de la iglesia y su aparición en el monte Gárgano donde se ve el milagro del toro, la procesión al lugar, la construcción del templo y la Aparición de San Miguel a San Gregorio. En el tercer cuerpo se representan cinco escenas de la pasión y muerte de Cristo. Y al decir algunos autores son los mejores.
Antes de conocerse el autor, Post le denominó “Maestro de Arévalo”, por la impronta personal y características del autor, aunque tiene algún paralelismo con otros maestros de la escuela de Ávila; y algo de Berruguete, del Maestro de Riofrío y del Maestro del Portillo en sus fondos arquitectónicos.
El estilo de Marcos de Pinilla, es de clara tradición hispano-flamenca; algunas figuras, principalmente Cristo, aún tienen una cierta rigidez que recuerda el gótico, suavizado en su dibujo por la influencia italiana; lo que pierde en exquisitez técnica, lo gana en espontaneidad.
El mayor interés artístico reside en ser una obra extraordinaria del momento de transición hacia el renacimiento. Recordamos que lo castellano-flamenco perduró mucho tiempo, frente al empuje de las nuevas formas renacentistas, porque era el gusto de los destinatarios.
Retablo de San Miguel
Del Libro "ARÉVALO Y SU TIERRA"
Ricardo Guerra.Carlos Oviedo.
Ricardo Ungfria.
Pablo Delgado.
Pedro C. Del Rio.







