
LOS ORÍGENES PREHISTÓRICOS
Nuestros orígenes se remontan a la lejana edad de piedra como lo confirman algunos hallazgos encontrados en las inmediaciones. Pero es en el periodo calcolítico cuando tenemos los primeros datos documentados arqueológicos sobre un poblado muy cercano a la ciudad, junto al río Adaja. Es el primer testimonio de pueblos sedentarios, que ya no son cazadores recolectores, sino capaces de, guardar semillas para la siguiente época húmeda a la vez que alimentan los animales más dóciles de su entorno; construyen sus casas de adobe y ramas recubiertas de barro. Lo que se ha dado en llamar "la revolución neolítica
Hacia el año 600 a. C. entra en la meseta la segunda oleada de pueblos centroeuropeos de cultura celta y de lengua indo europea que, junto con los que estaban en nuestro suelo de la cultura del hierro, formarán los que denominamos pueblos celtibéricos, entre ellos, los Pelendones, Arévacos, Vettones y Vacceos. Fueron estos últimos los que poblaban nuestra tierra a la llegada del mundo romano. Bien es cierto que, arévacos y vacceos tenían similar cultura material.
Según las fuentes clásicas, la Tierra de Arévalo estaría integrada en el territorio de los vacceos, cuenca media del Duero y sus afluentes. La línea divisoria estaría entre el valle del Tormes, que era territorio de los vettones y los del Adaja, Zapardiel y Trabancos que eran vaccecos.
En las estribaciones de la sierra por el sur, comenzaría el territorio de los vettones. Hay restos arqueológicos en varios puntos del Adaja y en Muriel de Zapardiel, y algún hallazgo aislado fuera de contexto arqueológico.
De esta época tenemos varios testimonios. Dos esculturas zoomorfas o "verracos". La denominada "marrana cárdena", que representa una cerda, como culto mágico a la fecundidad, protección de la comunidad y del ganado, pervivencia de un antiguo culto zoolátrico, aunque la mayoría son toros o cerdos machos. En un principio estuvo en la puerta del palacio de los Cárdenas pasó después a su patio interior y definitivamente al palacio del General Ríos, donde reposa en su patio.
Otro ejemplar algo mutilado, está incrustado en la base de la torre de San Miguel, junto con otras piedras que tienen un rehundido rectangular y son elementos funerarios. Se ha buscado su interpretación, siendo lo mas verosímil su ritual funerario, no exento de un culto religioso a la fecundidad. Estos verracos están datados desde finales del s. V a.C hasta la romanización.
Es un testimonio identificado con el pueblo vettón, pero que irradia su influencia a otros pueblos limítrofes.
Tenían el mismo alfabeto mixto (silábico y alfabético) y la misma lengua. Vestían el "sagum", túnica larga confeccionada con lana de sus ovejas. Hacían cerámica a torno, de colores claros pintadas a bandas y círculos sepias y marrones. Se adornaban con objetos de orfebrería aunque no parece que los fabricaran, anillos, torques, brazaletes, pendientes y fíbulas, como también collares de pasta vítrea.
Rendían culto a la naturaleza y en especial a la luna; Strabón dice que los celtíberos tienen un dios innominado y que, en las noches de luna llena, las familias le rinden culto danzando hasta el amanecer a las puertas de sus casas. Las Matres, que simboliza la fecundidad de la tierra y las aguas. Estas eran algunas de las características de aquel pueblo que habitó nuestra comarca cuando llegaron los romanos.
LOS ORÍGENES PREHISTÓRICOS
Vaso campaniforme